
El precio del agua: Todo por un sueño
De todas las competencias en que Trinidad (16) pensó tendría que participar, nunca imaginó que la más difícil sería aquella donde su entrenador sería su rival. Entre saltos, rasguños y tiritones, un día de agosto tuvo que declarar en el Comité Nacional de Arbitraje Deportivo contra Nicolás Mafio, aquel hombre que cambió su vida para siempre.
El único requisito para enfrentar a quien le provocó temores, angustias e incluso un grave trastorno alimenticio, fue que la cámara de Zoom estuviese apagada al momento de la audiencia. Aún así, el nerviosismo y miedo de Trinidad eran evidentes. Aunque no podía maltratarla como lo hizo siendo su entrenador, los recuerdos seguían ahí, a flor de piel.
Trinidad (su nombre ha sido cambiado), es fanática del k-pop, liviana al expresarse, con una familia cariñosa y un propósito claro: ser campeona paralímpica. Lo que se observa al conversar con ella es una fortaleza interior, capaz de hacerla enfrentar situaciones complejas y, aún así, aprender de ellas.
En el living de su casa, con sus padres a su lado, la entrevista es realizada dentro de un ambiente de silencio y con tonos de voces bajos. El trauma provocado por su ex entrenador Nicolás Mafio, le impide escuchar ruidos fuertes. Oírlos significa volver a sentirse maltratada, vulnerada.
Pero esto no siempre fue así.
Desde pequeña, Trinidad ha sido una luchadora. Al momento de nacer fue diagnosticada con parálisis, amnea, problemas al corazón y con el Síndrome de Poland, una alteración congénita que consiste en la ausencia total o parcial del músculo pectoral mayor y anomalías de la mano, lo cual significó que le amputaran la suya.
Sin embargo, esto nunca fue un impedimento para que Trinidad alcanzara todas sus metas; gracias a los esfuerzos de sus padres, innumerables terapias y ayuda de la Teletón, pudo realizar distintos deportes como tenis de mesa, taekwondo, gimnasia artística y atletismo, pero ninguno le llegó a tocar el corazón de forma tan profunda como lo hizo la natación.
En el año 2015 comenzó su práctica en el deporte que hizo famoso a Michael Phelps y Kristel Köbrich. Al observar su evidente progreso, en 2017 los preparadores de Trinidad hablaron con el entrenador de la selección, Nicolás Mafio, recomendándola para formar parte del equipo nacional, pese a ello él respondía tajantemente que no.
Fue en este deporte acuático donde Trinidad realmente consiguió encontrarse consigo misma. Ahí sintió que finalmente lograría sus metas, sus sueños. Es por eso, que durante mucho tiempo entrenó de manera perseverante y con altas expectativas, ya que creía fervientemente que ese era su lugar. Finalmente, ocurrió lo que tanto había deseado y por lo que había luchado por meses: fue integrada a la selección nacional de para natación.
Trinidad sosteniendo un trofeo. Frontis del Centro de Alto Rendimiento (CAR). Medallas de Trinidad. Instalaciones del CAR. Entrada al Estadio Nacional.
(Fotos de elaboración propia)
Su debut como seleccionada nacional sería en una competencia en Brasil, en marzo de 2020. Para ello realizó un entrenamiento de alto rendimiento, esa fue la primera vez que tomó contacto con quien sería su maltratador: Nicolás Mafio.
Pero, la pandemia le quitó la oportunidad de competir internacionalmente por primera vez y Brasil quedó en suspenso.
“Cuando suspendieron Brasil me preguntó si era lo mejor para mí quedarme con la selección o volver con mi entrenador. Cabe señalar que yo igual conocía como era, y a veces, cuando no estaban los de regiones, se veía su verdadero yo. Nunca le pude decir que no, porque ni siquiera sus mismos nadadores podían. Siempre le dije que sí a todo lo que me pedía”.
Trinidad, víctima de maltrato psicológico
A pesar de no tener una competencia ad portas, Trinidad siguió siendo parte de la selección nacional paralímpica de natación. A fines de marzo comenzó sus primeros entrenamientos con Mafio de manera online, donde él le ordenaba rutinas a realizar en casa que nunca fueron supervisadas. Solo un mes después, otra nadadora comenzó a vigilar los entrenamientos. Pero las órdenes de Mafio ya habían calado en la psicología de Trinidad.
Durante este tiempo, cuando se realizaban los entrenamientos vía Zoom, Mafio le pidió que enviara por WhatsApp su peso dos días a la semana. Trinidad recuerda que cuando ella no lograba bajar, le decía que “tenía que cerrar la boca para lograr alcanzar la meta”.
En febrero de 2021 volvió a entrenar, de forma presencial, al Centro de Alto Rendimiento (CAR), ubicado al interior del Estadio Nacional. Al regresar, Trinidad notó que algo no estaba bien, fue en ese momento cuando se controló con su nutricionista y lo confirmó: había perdido gran parte de su masa muscular. No obstante, la profesional no levantó ninguna alerta, sólo le entregó un plan nutricional, que obviamente Trinidad nunca siguió.
Durante los entrenamientos, donde los padres no estaban autorizados a ingresar por ninguna circunstancia, Mafio continuó con los maltratos. Si Trinidad no entendía una de sus instrucciones (por el nivel de tecnicismo), él la trataba mal, negando cualquier posibilidad de explicar o aclarar. Los otros nadadores, extrañamente, no le hablaban ni ayudaban en nada. Prácticamente no se dirigían a ella. Trinidad asume hoy, que también le temían al entrenador.
“Nos insultaba, nos gritaba mucho la palabra huevón o huevona si no entendíamos su forma de hablar. Cabe recalcar que él es uruguayo, entonces a veces no se le entendía cómo hablaba. Además, yo tenía otra manera de entrenamiento, él nunca me explicó su forma”.
Trinidad, víctima de maltrato psicológico
A partir de ese momento, los entrenamientos fueron cada vez más fuertes. Los recordatorios diarios de su peso, los insultos y hacerla pagar en el agua con rutinas que excedían lo que su cuerpo podía soportar, llevaron a Trinidad a caer en un trastorno depresivo que hasta ese momento sus padres no veían.
Luego de estos sucesos, Trinidad volvió con quien había sido su entrenador antes de entrar a la selección. Fue ahí cuando la verdad salió a la luz: había sido expuesta reiteradamente a maltratos psicológicos graves por parte de Nicolás Mafio. Inmediatamente los padres fueron informados de la situación y actuaron. La pregunta era clara: ¿por qué nunca les había dicho nada?
El temor hacia Mafio era tan grande que no fue capaz en todo ese tiempo de verbalizar la situación que estaba viviendo; pero el factor más relevante era que si hablaba, podía significar el retiro del deporte que ella tanto amaba, y por el que tanto había luchado.
Pero los padres no guardaron silencio y a sugerencia de su histórico entrenador, decidieron activar el protocolo contra el abuso sexual, acoso sexual, discriminación y maltrato en el deporte, establecido por la Ley 21.197, para que se supiera cómo actuaba Mafio. En marzo de 2021 la madre de Trinidad gestionó la denuncia en el Comité Paralímpico de Chile (COPACHI), la organización le recomendó adjuntar su acusación a otra que estaba ocurriendo en paralelo contra el mismo entrenador. Sin embargo, la madre se dio cuenta que el único fin del COPACHI era tratar de aminorar el número de denuncias debido a que “ellos sabían lo que pasaba y todos hacían oídos sordos”.
Frente al no accionar del COPACHI, la madre de Trinidad recurrió a la máxima autoridad responsable en Chile: la ministra del Deporte, Cecilia Pérez. Al recabar los antecedentes, esta envió un oficio a la institución paralímpica para retirar de sus funciones a Mafio, ya que incluso en medio del procedimiento, Trinidad tenía que seguir viéndolo.
La medida impuesta por el gobierno fue solamente la prohibición de entrada al Estadio Nacional, la única, puesto que hasta ahora Nicolás Mafio continúa siendo parte del COPACHI, a pesar de que al día de hoy cuenta con una causa de abuso sexual en el Ministerio Público, y la denuncia de Trinidad. Nadie entiende, entre los deportistas y familias, por qué el castigo fue tan mínimo. ¿Por qué el organismo que debería proteger a sus seleccionados, parece cerrar los ojos ante las denuncias de abuso y maltrato?
Tres meses después de su denuncia se realizó la audiencia ante el Tribunal Nacional de Arbitraje Deportivo, organismo que lleva las causas no penales relacionadas al protocolo según la Ley 21.197. Así, a sus cortos 16 años, Trini tomó el cursor del mouse, abrió el micrófono y empezó a detallar la que había sido la experiencia más traumática en su vida, el maltrato psicológico prolongado realizado por el entrenador nacional de para natación, el hombre que supuestamente iba a ayudarla a cumplir sus sueños como deportista.
La audiencia duró dos días, involucrando un gran desgaste emocional y monetario, hasta que llegó el momento del veredicto final. El Comité Nacional de Arbitraje determinó que, a pesar de que el mismo entrenador reconociera que había violentado psicológicamente a la menor, la sanción sería solo una amonestación escrita, considerada en la Ley del Deporte como una de las más mínimas, y además, determinó que este no debía pagar las costas procesales del juicio.
Una resolución que buscaba penalizar las consecuencias del estado de salud de la víctima: estado anímico depresivo, cuadros de ansiedad, estrés post traumático y trastornos alimenticios. Nadie podía entender el fallo y sus básicas explicaciones.
¿Qué está ocurriendo con los deportistas que sufren maltrato psicológico? ¿Quién los protege de sus entrenadores? ¿Cuántos de estos niños y jóvenes han logrado denunciar o llegar a un tribunal como al que llegó Trinidad?
La cifra está bajo el agua, y bajo aguas bien sucias porque en la actualidad, nadie sabe cuántas denuncias existen a nivel nacional porque, a pesar de haberse creado un protocolo, siguen habiendo vacíos legales que tienen como consecuencia no solo que se continúan perpetuando los tratos abusivos, sino que también son muestra de una clara desprotección hacia los deportistas.
¿Sirve realmente el protocolo? ¿Cómo funciona?