
A puertas cerradas el entrenador es rey
Depresión, anorexia y trastorno límite de la personalidad. Si Carla (16), a sus 5 años, hubiese podido comprender todas las problemáticas que la gimnasia artística iba a traer a su vida, probablemente lo hubiese pensado dos veces antes de proponerse como meta llegar a los Juegos Olímpicos.
La carrera de Carla (su nombre ha sido cambiado) comenzó en Antofagasta. Su entrenadora vio tanto potencial en ella que debido a la falta de implementos que existía en su escuela, decidió derivarla al Autoclub de Antofagasta, especializado en gimnasia artística. En ese momento, la disciplina se transformó de una actividad recreativa a un sueño.
Es por eso que sus entrenamientos se volvieron más pesados y enfocados al alto rendimiento. Pocas veces una niña logra encontrar algo que le apasione tanto a una edad tan temprana. La pequeña quería cumplir sus sueños y pasaba el mayor tiempo posible haciendo lo que amaba: entrenando. Sin embargo, detrás de esa sonrisa y perseverancia, se estaba adentrando a un mundo donde los maltratos eran comunes y las fallas imperdonables.
(Sobre su entrenador en Antofagasta) A las niñas más grandes les pegaba con un palo si es que no les salía bien, en el trasero, las piernas, etc. Si algo no funcionaba, se pegaba contra la pared y les decía: ¿por qué no hacen bien el ejercicio? Yo creo que para una niña chica igual era fuerte esa percepción de una persona mayor, no era normal”.
Carla, gimnasta víctima de maltrato psicológico
Y es que este tipo de acciones, que le causaban miedo, al ser vivenciadas desde una temprana edad, parecían algo común y el terror comenzó a ser parte del día a día.
El protocolo describe el maltrato como “cualquier manifestación de una conducta abusiva, especialmente los comportamientos, palabras, actos, gestos, escritos u omisiones que puedan atentar contra la dignidad o integridad física o psicológica de una persona. El rigor que puede adquirir el trato entre deportistas y cuerpos técnicos de las exigencias impuestas por el entrenamiento y la competición deportiva, no serán considerados formas de maltrato (..)”.
Debido a temas laborales de su padre, Carla y su familia tuvieron que trasladarse a la capital mientras se preparaba para participar en los Juegos Transandinos (JUDEJUT). Ahí fue cuando conoció a Isabel Lazo, la primera entrenadora chilena en ir a los Juegos Olímpicos.
Luego de pasar por diferentes pruebas, finalmente entró al equipo de preparación de Lazo, el cual entrenaba en el Centro de Alto Rendimiento (CAR), donde continuó ampliando sus habilidades de gimnasia y siguió con su preparación personal para los JUDEJUT.
“Al principio me gustó mucho que ella fuera metódica, que corrigiera las cosas. Se enfocó mucho en mí cuando llegué y yo mejoré muchas cosas de inmediato, entonces fue como: wow, tengo potencial. Nunca me había dado cuenta de eso, se me abrió un mundo completamente distinto”.
Carla, gimnasta víctima de maltrato psicológico
Sin embargo, Carla no podía hacer caso omiso a la otra realidad que vivían sus compañeras: cada cierto tiempo, Lazo tomaba a una niña y la agredía psicológicamente hasta que se retiraba. Ocupaba el tema del peso y se refería a las gimnastas de manera despectiva, “les decía parecen vacas, no se van a poder el poto”.
La situación empeoró cuando la luna de miel se transformó en el infierno para Carla: Isabel la había elegido para ser su próxima víctima.
Fue en ese mismo periodo también cuando Carla comenzó a tener serios problemas con su peso, ya que sus pares comenzaron a hacer comentarios de su cuerpo aludiendo a su contextura delgada. En el mundo de la gimnasia, rara vez se tiene el cuerpo perfecto, y la entrenadora siempre tiene algo que decir al respecto.
“Cuando yo llegué me decía: uy tu eres muy flaca o eres muy palo, porque tenía un tema con eso (…) Nunca me había enterado de esas cosas o me había preocupado por mi cuerpo, yo comía lo que quería, cuando llegué ahí me empezaron a importar”.
Carla, gimnasta víctima de maltrato psicológico
Este tipo de comentarios le comenzaron a provocar angustia, tanto a Carla como a sus compañeras. A la hora de comer, acciones dañinas surgieron como respuesta a este constante miedo de subir de peso o hacer cualquier cosa que no le pareciera a Lazo.
Carla describe este período como “extremadamente tóxico e imposible de salir”, lo asemeja a la relación de una mujer golpeada, ya que durante mucho tiempo llegaba enojada o frustrada a la casa y cuando sus padres le preguntaban qué era lo que sucedía no respondía con la verdad, todo con el fin de cubrir a su entrenadora para no ser expulsada de la selección.
Tal como cualquier bomba de tiempo, la de Carla finalmente explotó, en su testimonio comenta que se encontraba “muy demacrada, deprimida, el brillo que tenía estaba muy opacado”, así fue como sus padres decidieron tomar cartas en el asunto y retirarla de los entrenamientos bajo el alero de Lazo.
Cuando Carla logró hablar con sus padres y contarles los abusos, maltratos y humillaciones que sufrió por años, estos decidieron enfrentar y conocer por primera vez a Lazo. Sin embargo, cuando intentaron dialogar con ella, lo único que recibieron fueron insultos. Decidieron, entonces, enviar un correo electrónico al CAR denunciando lo que había ocurrido, pero nunca hubo una respuesta.
Así como Carla, son miles los deportistas de alto rendimiento que han pasado por el CAR, ubicado al interior del Estadio Nacional. Sin embargo, lo que sucede a su interior nadie lo controla.
Actualmente, en el recinto no existe ningún tipo de fiscalización con respecto al vínculo que se genera entre los deportistas y sus entrenadores.
“En los entrenamientos el responsable es el técnico o la persona que está a cargo del deportistas. No hay una tarea de supervisión de esos entrenamientos en niveles más grandes o la observancia de algún tipo de conductas”.
Alexi Ponce, psicólogo deportivo del CAR
A esto se le suma, que ni el CAR, ni gran parte de las federaciones o clubes realizan test psicológicos a sus entrenadores al momento de trabajar con niños menores de edad. Su permanencia se evalúa solo en base a los resultados y no en el trato que ejerzan. Así, dejan a hijos de cientos de padres, en manos de entrenadores como Lazo.
¿Será que las instituciones deportivas en Chile no contemplan la salud mental como una prioridad, o no dimensionan las consecuencias a largo plazo que el maltrato tiene? Hoy, Carla está diagnosticada con depresión, anorexia y trastorno límite de la personalidad. En la actualidad se encuentra en tratamiento psicológico, bajo sus propios costos.
Incluso a pesar de que los casos como los de Carla se repitan en distintas deportistas que han entrenado con Lazo y de que existen notas en diversos medios como BioBioChile que la acusan de malas prácticas, actualmente, continúa teniendo niñas a cargo.
Frente a esta situación, la Responsable Institucional del IND, Javiera Reyes, comenta:
Se contactó a Isabel Lazo a través de su celular para que tuviese la posibilidad de entregar su versión acerca de los hechos que ocurrieron, sin embargo, no se obtuvo respuesta por parte de ella y posteriormente bloqueó el número de teléfono.
Carla no pudo activar el protocolo ya que cuando ella entrenaba no existía, ni tampoco había manera de poder formalizar una denuncia hacia Isabel Lazo. Un caso similar al que le sucedió a Emma (22), también víctima de una profesora de gimnasia artística llamada Ximena Rodríguez, la cual trabaja actualmente en el Stadio Italiano.
El relato de Emma (su nombre ha sido cambiado) es preocupantemente similar al de Carla, puesto que pudo experimentar desde temprana edad la vulneración psicológica y el control por sobre sus acciones, la complejidad del deporte se vio mezclada con el maltrato y tuvo como resultado consecuencias fatales.
“A los 12 años empecé a tomar cartas en el asunto con el tema del peso, ahí fue cuando me empecé a restringir mucho, también muchas veces vomité, no importaba cómo pero tenía que bajar de peso. A mí me pasaba varias veces cuando chica me agarraba un virus al estómago y me deshidrataba, vomitaba, pero por enferma, caía en la clínica, y cuando volvía a entrenar Ximena me felicitaba porque estaba más flaca”.
Emma, gimnasta víctima de maltrato psicológico
Quizás antes ninguna persona hubiese pensado que ir a entrenar con la profesora del Stadio Italiano iba a terminar convirtiéndose en un infierno para las pequeñas. Hoy, en el caso de Emma, es una realidad. Su diagnóstico actual es de anorexia nerviosa, una enfermedad con la cual tendrá que vivir para el resto de su vida.
Con respecto a la concientización sobre la importancia de la salud mental en las niñas pequeñas, Emma hace un llamado a partir de su experiencia:
En la actualidad, la Ley tampoco ampara a personas como Carla y Emma, ya que si bien no establece un plazo máximo desde la última agresión para denunciar, el Comité Nacional de Arbitraje Deportivo estipuló de forma irregular que una denuncia solo deberá imponerse dentro del plazo de 180 días corridos siguientes a la ocurrencia de los hechos que la motivan. Ni el protocolo, ni la Ley, hablan de plazos.
Esto provoca como consecuencia que muchos testimonios queden silenciados y tengan incapacidad de acción tanto por protocolo, como judicialmente. Ese es el caso de Macarena Quero, quien lleva enfrentándose a esta pesadilla incluso mucho antes que Carla…